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La psicóloga que descubrió tres estilos de vida que aumentan la felicidad y hacen que la alegría dure.

Tres personas compartiendo té; cuenco con naranjas, otro con hierbas y uno con planta en la mesa.

Algunas personas persiguen la felicidad como si fuera una línea de meta.

Otras construyen hábitos cotidianos que hacen la vida más ligera, más cálida y más significativa.

Los psicólogos sostienen ahora que la felicidad duradera tiene menos que ver con la suerte o el dinero, y mucho más con cómo organizamos nuestra vida de dentro hacia fuera.

Los tres estilos de vida detrás de la felicidad duradera

El psicólogo estadounidense Martin Seligman, uno de los fundadores de la psicología positiva, sugiere que la felicidad no procede de una sola fuente. Crece a partir de tres maneras distintas pero complementarias de vivir: una vida placentera, una vida comprometida y una vida con sentido.

Estos tres estilos de vida actúan como pilares separados: frágiles cuando están aislados, sorprendentemente estables cuando se combinan día tras día.

Este enfoque se aleja de la idea de que un salario más alto, una salud perfecta o la casa de tus sueños lo arreglarán todo automáticamente. Décadas de investigación, incluido el prolongado Estudio de Desarrollo Adulto de Harvard, apuntan en otra dirección: la satisfacción aumenta cuando las personas construyen relaciones sólidas, usan sus fortalezas con frecuencia y se sienten parte de algo más grande que ellas mismas.

La vida placentera: diseñar días que se sienten bien

El primer estilo, la vida placentera, se centra en las emociones positivas. La alegría, el entretenimiento, el confort, la gratitud y los pequeños placeres diarios ocupan el centro del escenario. En lugar de esperar picos raros de felicidad, este estilo de vida intenta multiplicar momentos modestos y frecuentes de disfrute.

Desde un punto de vista psicológico, esto significa entrenar la atención. Quienes cultivan una vida placentera miran con más cuidado lo que ya funciona: un buen café, un chiste tonto, un trayecto tranquilo, el sol en la cara o una llamada rápida a un amigo. No niegan los problemas; simplemente dejan de permitir que los problemas monopolicen el espacio mental.

El objetivo no es una euforia constante, sino una paleta emocional más rica en la que los sentimientos positivos aparezcan más a menudo y duren un poco más.

Formas prácticas de construir una vida placentera

La investigación sobre las emociones positivas sugiere varias palancas sencillas:

  • Planifica cada día una pequeña fuente de alegría: música, un paseo, un tentempié favorito, una afición breve.
  • Practica el “saboreo”: detente 30 segundos cuando ocurra algo agradable y fíjate en los detalles.
  • Limita el scroll sin sentido por la noche y sustituye parte de ese tiempo por algo realmente relajante.
  • Lleva una breve nota de gratitud: tres cosas concretas que fueron bien, escritas unas cuantas veces por semana.

Estas prácticas suenan pequeñas, incluso triviales. Sin embargo, los pequeños aumentos repetidos de emoción positiva pueden hacer a las personas más resilientes, más creativas y menos propensas a la rumiación. La vida placentera por sí sola no resolverá problemas profundos, pero suaviza los bordes de los días difíciles y deja espacio para que crezcan los otros dos estilos de vida.

La vida comprometida: cuando el tiempo desaparece

El segundo estilo de vida, la vida comprometida, se centra en el “flujo”. Este estado psicológico aparece cuando una persona está completamente absorbida en una actividad que encaja con sus habilidades y exige plena atención. El tiempo parece desvanecerse. No queda espacio para la autocrítica ni para el aburrimiento, porque la tarea requiere todo lo que tienes.

El flujo suele aparecer en el deporte, el trabajo creativo, la programación, la jardinería e incluso en el papeleo cuando el reto encaja en su justa medida. Las personas afirman terminar la actividad con más energía, no agotadas, aunque haya requerido un esfuerzo intenso.

Aquí la felicidad se esconde dentro de la concentración: nace de perderte en lo que estás haciendo, no de observarte a ti mismo haciéndolo.

Cómo detectar y usar tus fortalezas

La vida comprometida depende de conocer tus fortalezas y utilizarlas con frecuencia. Muchas personas se sienten estancadas porque su rutina diaria apenas roza aquello que mejor saben hacer. Un punto de partida sencillo: mira las dos últimas semanas y anota tres momentos en los que te sentiste de verdad absorbido.

Pregúntate:

  • ¿Qué estaba haciendo exactamente?
  • ¿Qué habilidades utilicé? ¿Pensamiento lógico, empatía, organización, creatividad, capacidad física?
  • ¿Cómo podría incorporar un poco más de esto a mi semana habitual?

Para algunos, puede significar negociar más trabajo analítico y menos reuniones. Para otros, quizá sea unirse a un coro, hacer voluntariado en un programa de mentoría o apuntarse a una clase semanal. La clave está en la regularidad. Los fines de semana intensos y ocasionales aportan menos al bienestar que periodos más cortos y frecuentes de compromiso integrados en la vida cotidiana.

La vida con sentido: servir a algo más allá de ti

El tercer estilo de vida, la vida con sentido, desplaza el foco del placer y el rendimiento hacia la contribución. Aquí, la felicidad crece al sentirse parte de una historia que continúa después de ti y al alinear tus acciones con tus valores más profundos.

Esto no requiere necesariamente gestos dramáticos ni reconocimiento público. Mucha gente encuentra sentido de forma silenciosa: cuidando a un progenitor mayor, criando a los hijos, invirtiendo tiempo en proyectos comunitarios o compartiendo con otros una experiencia ganada a pulso.

El sentido suele aparecer cuando tus valores, tus fortalezas y las necesidades a tu alrededor se cruzan en una acción concreta.

Formas cotidianas de crear más sentido

Los psicólogos describen varias vías hacia una vida más significativa:

  • Aclara tus valores esenciales: amabilidad, justicia, creatividad, crecimiento, lealtad, curiosidad, fe, responsabilidad, entre otros.
  • Elige un ámbito (trabajo, familia, comunidad) en el que quieras que tus acciones reflejen esos valores con más claridad.
  • Establece un compromiso pequeño y recurrente: dar clases de apoyo a un adolescente, unirte a un grupo vecinal, ayudar a compañeros a aprender una habilidad.
  • Cuenta la historia de tu vida de otra manera: observa cómo las dificultades pasadas moldearon capacidades que ahora ayudan a otros.

El sentido no elimina el dolor. Se puede vivir una vida con sentido afrontando enfermedad, pérdida o incertidumbre. Aun así, la investigación sugiere que un propósito cambia cómo se interpreta la adversidad y, a menudo, fortalece la capacidad de seguir adelante.

Cómo funcionan juntos los tres estilos de vida

El modelo de Seligman sugiere que la forma más estable de bienestar aparece cuando estas tres dimensiones se solapan en lugar de competir. Una vida llena solo de placer puede sentirse vacía. Una vida centrada únicamente en el logro puede derivar en burnout. Una vida enfocada en el sacrificio sin alegría corre el riesgo de generar resentimiento.

Estilo de vida Enfoque principal Fuentes típicas de felicidad
Vida placentera Emociones positivas Confort, humor, pequeñas alegrías diarias, experiencias estéticas
Vida comprometida Uso de fortalezas Flujo en el trabajo, aficiones, deporte, proyectos creativos
Vida con sentido Propósito y contribución Ayudar a otros, pertenencia, decisiones guiadas por valores

Quien cultiva deliberadamente las tres áreas suele construir una base más amplia: placeres que iluminan el día, compromiso que estructura el tiempo y sentido que lo mantiene todo unido cuando cambian las circunstancias.

De la teoría a la práctica: el método PERMA

Seligman también resumió su investigación en un marco conocido como PERMA, una herramienta utilizada en muchas sesiones de terapia y programas de coaching. Se apoya en los tres estilos de vida, pero añade más detalle.

  • P – Emoción positiva: alegría, gratitud, serenidad y entretenimiento, cultivados mediante pequeños hábitos diarios.
  • E – Compromiso: momentos de flujo en los que las fortalezas se usan plenamente.
  • R – Relaciones: vínculos cálidos y fiables con familia, amigos, pareja y compañeros.
  • M – Sentido: una sensación de propósito que conecta la vida personal con algo mayor.
  • A – Logro: objetivos, progreso y la sensación de avanzar en áreas que te importan.

PERMA ofrece a las personas una lista de comprobación práctica. Cuando el ánimo baja, en lugar de preguntarse “¿Qué me pasa?”, pueden preguntarse qué letra está más débil ahora mismo y dar un paso pequeño y específico.

Por qué las relaciones siguen estando en el centro

Los estudios a gran escala, incluido el proyecto de Harvard de 85 años, muestran repetidamente que las relaciones cercanas desempeñan un papel central en el bienestar. Influyen en la salud física, la salud mental e incluso en la esperanza de vida. Los tres estilos de vida anteriores suelen entrelazarse con la conexión: compartir un momento agradable con un amigo, entrar en flujo en un proyecto de equipo o encontrar sentido ayudando a un vecino.

Quienes invierten en estos vínculos suelen hacerlo con acciones concretas más que con grandes declaraciones: contactos regulares, conversaciones sinceras, humor en momentos difíciles y pequeños actos de fiabilidad. La psicología positiva no sustituye ese tejido social básico; ayuda a reforzarlo.

Ir más allá: poner a prueba tu propio equilibrio

Un ejercicio sencillo de fin de semana puede mostrar dónde estás. Dibuja tres barras horizontales en una hoja: “placentera”, “comprometida”, “con sentido”. En cada una, sombrea de 0 a 10 según el último mes de tu vida. Después, debajo de cada barra, escribe un cambio minúsculo que podría aumentar la puntuación solo en un punto, no más.

Ejemplos: añadir un paseo vespertino de 10 minutos por placer, reservar una hora ininterrumpida a la semana para un proyecto personal que genere flujo, o enviar un mensaje semanal para apoyar a alguien que te importa. Estos pequeños movimientos suelen hacer más que las resoluciones ambiciosas y efímeras.

Otra perspectiva consiste en experimentar con actividades nuevas durante periodos de dos semanas: un club deportivo local para el compromiso, un turno en una línea de ayuda de una ONG para el sentido, o una noche de cocina con amigos para combinar placer y relaciones. Probar en lugar de darle vueltas ayuda a sentir qué combinaciones elevan de verdad el ánimo y cuáles te dejan indiferente.

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